Parece que la Iglesia Católica le abrió la puerta a los anglicanos conservadores. Según la última Constitución Apostólica del Papa Benedicto XVI, pastores y obispos anglicanos podrán convertirse al catolicismo, conservar algunas particularidades litúrgicas, seguir casados –si lo están–, y atendiendo y educando a sus hijos –si los tienen–. Parece también que, en este caso, los obispos serán reducidos a simples sacerdotes, a no ser que no se hayan casado antes y observen la norma del celibato.
Hace pocos días, los medios divulgadores de noticias nos comunicaban que el Papa estaba en conversaciones con algunos obispos lefevrianos, a quienes no hace tanto tiempo se les había separado del cargo, e incluso de la comunión eclesial, al parecer por demasiado conservadores. También se separó, hace algún tiempo más, a ciertos difusores y propiciadores de la teología de la liberación.
¿Se volverá a admitir a estos últimos en las filas eclesiales y eclesiásticas? ¿Son todavía éstos ecos del aggiornamento que se izó como bandera por los años sesenta? ¿Cuáles son, y cómo se disciernen y valoran, los signos de los tiempos? ¿Cuál es el mar de fondo de todo: el celo salvador o el miedo a quedarse sin gente? ¿Con qué grado de sinceridad se trabaja y se planifica? ¿Tiene esto algo que ver con la ética?
Amable Sánchez