lunes, 4 de abril de 2011

Joe Keckeissen

Cae humildemente la secuoya, y también el baobab, y lo mismo la ceiba… Esto es lo único que se me ocurre, ahora que se ha ido de entre nosotros esa humilde y gigante secuoya que todos conocimos, tratamos y admiramos como Joe Keckeissen. Espero que haya encontrado “otro milagro de la primavera”, como lo pedía y esperaba Antonio Machado, después de contemplar las nuevas ramitas del olmo seco, herido por el rayo.

Amable Sánchez

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