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sábado, 22 de mayo de 2010

¿Dónde estaba Dios?


En Auschwitz, donde estaba Dios? El Holocausto es un hecho que obliga a preguntar y a preguntar y a preguntar. Ninguna respuesta puede ser satisfactoria. Se puede responder que Dios simplemente no existe. Que Dios es un ser perverso. Que Dios se viene escondiendo hasta desaparecer completamente. Que ese Dios es totalmente indiferente, es el dios de los filósofos. Que Dios es justo y así castigó a su pueblo. Que no se puede conocer la mente de Dios y lo que hace es totalmente misterioso. Que algún bien resultó del Holocausto, para el pueblo judío y para la humanidad entera. Todas estas y más son respuestas insatisfactorias a preguntas y preguntas y más preguntas que estamos obligados a hacer frente a este hecho concreto.

Roberto Blum

A propósito del film God on Trial

Why is there so much suffering in the world and what kind of God would allow it to happen? Universal questions about faith and philosophy are at the heart of God on Trial, which was inspired by the legend that a group of concentration camp prisoners conducted a mock trial against the Almighty God. From all walks of life, a physicist, a glove maker, rabbis, a law professor and at least one criminal weigh the evidence and offer thoughtful arguments taken from history, science, theology and personal experience.

http://www.pbs.org/wgbh/masterpiece/godontrial/

jueves, 10 de septiembre de 2009

Decíamos ayer… (8)

Casi resulta enternecedor el diálogo entre Yavé y Abraham, recogido en los capítulos 18 y 19 del Génesis, ante la clara amenaza y la inminente posibilidad de que Dios destruyera a Sodoma, a causa de la depravación de sus habitantes. Dios pone como condición la existencia en la ciudad de cincuenta justos para no destruirla. Pero no existen. Entonces Abraham empieza a pedirle –más bien a suplicarle– que haga una rebajita. Dios está anuente a ello y Abraham empieza a crecerse en su esperanza. La rebaja pasa hasta cuarenta, hasta treinta, hasta veinte, hasta diez… Pero en Sodoma no había siquiera diez justos. Solamente Lot, su esposa y sus dos hijas. Entonces Dios destruyó a Sodoma y Gomorra.

Recuerdo este pasaje ante la selección que se está haciendo de los candidatos a ocupar las magistraturas de la Corte Suprema de Justicia y de la Corte de Apelaciones. ¿Adónde nos llevará esto? La malla de la zaranda es espesa y la zaranda no deja de moverse. Se trata de cerner y de cerner lo más fino posible. Nada de salvado ni de ninguna otra impureza: ¡solo harina pura! ¿Habrá en Guatemala siquiera veinte hombres justos, diez, cinco…? Esperemos que sí. Esperemos que incluso haya más, muchos más. ¿Cuántos? En cualquier caso, el ejercicio vale la pena. Es este un ejercicio al que no estábamos acostumbrados. Quizás hasta pensábamos que no se produciría nunca. Pero ahí están las comisiones, con la mano en la conciencia, porque, gracias a Dios y a la ley, en el país hay conciencia todavía. ¡Guatemala no seguirá la suerte de Sodoma y Gomorra!

Amable Sánchez

martes, 4 de agosto de 2009

Sesión de lectura: "Temor y temblor" de Soren Kierkegaard

El 30 de julio se celebró la sesión del club de lectura del Centro de Ética David Hume, en torno a Temor y temblor, de Soren Kierkegaard. La reunión estuvo muy animada y casi todos los asistentes intervinieron en ella. Por una razón o por otra, la figura de Kierkegaard no deja a nadie indiferente: ¿es el autor danés un filósofo, un poeta, un escritor simplemente exaltado, que elude las reglas a base metáforas y diversas libertades literarias? ¿Hay lógica en lo que dice? ¿Cuán confiables resultan sus afirmaciones? ¿De qué trata Temor y temblor: de la peripecia de Abraham, de la peripecia del hombre en general o de la peripecia de Soren Kierkegaard como individuo concreto, con una trayectoria y un espacio concreto, bastante distinto del nuestro? Y la fe ¿qué es: paradoja, absurdo, esperanza, obediencia, razón, ausencia de razón, negación de la razón?
¿Qué puede pedirnos Dios y qué no puede pedirnos? ¿Qué tenemos que estar dispuestos a darle a Dios y qué no podemos estar dispuestos a darle?

Amable Sánchez