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martes, 4 de mayo de 2010

En el juego del “ultimátum,” Razón vs. Equidad


En este juego, un jugador recibe una cantidad de dinero pero debe ofrecer una parte al otro jugador. Si el segundo acepta la cantidad ofrecida, cada uno se queda con la cantidad pactada, el primero con el total menos la cantidad ofrecida al segundo y el segundo con la parte aceptada.

Si el segundo no acepta la oferta, ninguno de los dos obtiene nada.

En casi todos los casos, una oferta de menos del 30 por ciento no es aceptada. Esto se ha comprobado en diversos países, entre diversas cohortes y géneros y aun cuando se trata de diversas cantidades de efectivo.

Este juego demuestra que para los humanos la equidad es importante, más importante que obtener cualquier cantidad. Estrictamente parecería ser que no somos perfectamente racionales. La equidad y la justicia nos mueven más que una determinada ganancia no equitativa.

Roberto Blum

lunes, 3 de mayo de 2010

¿Existe conflicto entre la emoción y la razón?


¿Existe conflicto entre la emoción y la razón? ¿Es la emoción un medio cognitivo? ¿Cuál debe ser el criterio para establecer qué es bueno y qué es malo? Estas fueron las preguntas matrices en torno a las cuales giró el diálogo socrático del Centro de Ética David Hume el 4 de marzo del 2010.

A lo largo de la conversación se expresaron ideas tales como que el hombre es el único animal que puede razonar más allá de las simples emociones. Sin embargo se afirmó que la razón y la emoción colaboran en la toma de decisiones morales. El psicólogo moral de la Universidad de Virginia, Jonathan Haidt afirma que emoción y razón, son las bases de los juicios morales. Haidt señala que todas las culturas comparten en diverso grado cinco grandes valores morales, 1. Evitar el daño a los demás, 2. Buscar la justicia o equidad, 3. Demostrar lealtad, 4. Respetar a la tradición y a la autoridad y 5. Valorar la pureza. Estos valores se explican por las emociones que los hombres sentimos frente a determinados estímulos. Las emociones son inmediatas y por ello resultan no solo útiles sino indispensables al evaluar lo bueno y lo malo.

Roberto Blum

miércoles, 10 de febrero de 2010

Primer almuerzo del año


El jueves 4 de febrero, el Centro de Ética David Hume celebró el primer diálogo socrático, que giró en torno a esta pregunta: “En un ambiente social caótico, ¿es preferible una enseñanza racional de la ética o una educación de los sentimientos morales?” A reserva de que el problema estuviera o no bien formulado, lo que enseguida se puso de manifiesto es que las opciones éticas se pueden analizar desde la razón o desde los sentimientos del hombre, y que, paralelamente, el comportamiento moral del ser humano puede estar sustentado primordialmente en la razón o primordialmente en los sentimientos.

En vista de la conmoción que ha producido en el país, enseguida se puso sobre el tapete el asunto Rosenberg y el informe que sobre el mismo rindió Carlos Castresana, director de la CICIG. El hecho suscitó un gran interés entre los asistentes.

A los largo de la discusión se barajaron ideas como éstas: Es un error pensar que la hipótesis de Castresana es ciento por ciento verdadera. Aunque parezca lo contrario, ningún dilema se puede plantear en términos de blanco-negro. (Preguntamos: ¿habrá dilemas de múltiples cuernos?). El racionalismo es una corriente filosófica. El juicio moral puede ser racional o irracional. Es muy importante recordar el principio “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”. La emoción es una respuesta al parecer rápida, pero en realidad es sicosomática: se procesa y luego se analiza. Con la mentira se puede explotar a los demás y hacerlos objeto de un mal trato. Los seres humanos mentimos constantemente. ¿Qué es un juicio moral?: ¿solo se pueden derivar de él el bien o el mal para los otros? Sí es posible aprender de los sentimientos. Algunas personas afirmaron que el instinto no existe. Para Freud, la moral se aprende de los padres, es el superego.