Los padres son los únicos responsables de educar a sus hijos y de escoger la educación que quieren para ellos, incluida la educación sexual. De acuerdo: hasta ahí vamos bien. El Estado no tiene ningún derecho ni autoridad para meterse en este asunto ni en otros. Parece que seguimos bien. Pero la Iglesia tampoco tiene el derecho ni la autoridad que le niega al Estado. Y ahí ya empezamos a estar mal. Se trata de sinceridad, de coherencia y de lógica. De una sinceridad, una coherencia y una lógica que la Iglesia –mejor sus autoridades– parece no tener. La libertad del hombre hay que entenderla de manera tan radical que al que se empeñe en condenarse hay que permitirle que se condene. ¿Qué ley hay, por ejemplo, que condene al suicida? ¿Cómo?
Y, sin embargo, la cosa no es tan simple. Porque ¿cuántos padres están suficientemente educados para educar a sus hijos? ¿Cuántos son capaces de educarlos en la línea del proyecto de cada hijo en concreto, y no del suyo propio?
Acabo de leer una sensata columna de Juan Callejas Vargas, publicada en la Prensa Libre de hoy (12 de noviembre del 2009). Termina así: “Para quienes quieran ver el nivel de contenido que en la Biblia cristiana se concede al sexo, no dejen de acercarse al libro del Cantar de los Cantares, el cual puede leerse en sentido literal; es decir, como una colección de cantos eróticos que celebran el amor humano protagonizado por un hombre y una mujer. ¿Quién ha hecho de lo bello y humano del sexo un tabú?”. Añadiré solo esto: se trata de un libro canónico, porque la Iglesia así lo ha querido. Pero en él no aparecen ni el Estado, ni la Iglesia, ni siquiera la palabra Dios. ¿Qué tal?
Amable Sánchez
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jueves, 12 de noviembre de 2009
jueves, 24 de septiembre de 2009
Decíamos ayer… (10)
Leo en El hombre y el Estado, de Maritain: “La persona humana, en tanto que individuo, es para el cuerpo político; y el cuerpo político es para la persona, en tanto que persona. Pero el hombre bajo ningún concepto es para el Estado. El Estado es para el hombre”. ¿Por qué, en la práctica, las cosas parecen ocurrir al revés? El hombre, cada hombre, es individuo y persona al mismo tiempo, aunque no de la misma manera. En ambos casos es un ser humano. En cuanto ser humano, es también un ente político. Como político, forma parte de una polis. Estado y polis no son la misma cosa. Polis es un concepto antiguo; Estado es un concepto relativamente moderno. La persona es primero. Sin persona no hay polis ni Estado. El individuo humano es una persona real. El Estado es una persona ficticia. El individuo humano, en cuanto persona, es un sujeto. El Estado es un instrumento al servicio del sujeto. Cuando ocurre lo contrario, como con tanta frecuencia ocurre, todo anda de cabeza. Hay que buscarle a esto una buena base ética: una base desde la cual enfocar, iluminar, distinguir y valorar, sin trampas ni subterfugios, el alcance de los actos del Estado y del ciudadano, para que cada uno asuma, sin trampas ni regateos, la responsabilidad que le corresponda. Eso se llama gobernabilidad.
Amable Sánchez
Amable Sánchez
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