
Recientemente en Guatemala se presentó el caso de un muchacho de 13 años que asesinó a una mujer. Al ser capturado declaró que antes ya había muerto a ocho personas más. Sin embargo esto no es un caso único.
Si buscamos en los archivos encontramos que no es infrecuente que jóvenes adolescentes cometan homicidios. Esto no sucede solo en países pobres como Guatemala. Determinar las causas de estas conductas es difícil si no imposible, ya que normalmente tales conductas son resultado de múltiples condiciones. Algunas condiciones son personales, otras familiares y finalmente otras del ambiente social.
¿Qué hacer con estos jóvenes asesinos, casi niños asesinos? ¿Es justo aplicarles penas como si fueran adultos? ¿Son moralmente responsables de sus actos? ¿A qué edad se adquiere la capacidad de reconocer lo bueno y lo malo?
Por desgracia no hay un consenso sobre estas preguntas. La ley establece la edad en la que los individuos adquieren capacidad de ser imputables penalmente. Sin embargo, la edad en que se adquiere la capacidad de imputación moral no está definida de la misma manera. Probablemente jamás será posible definirla de una manera tajante.
Roberto Blum