
El “buen gusto” no es un producto de las masas. De hecho, lo bello, lo bueno y lo verdadero solo están al alcance de unos cuantos escogidos. No es el dinero, ni la inteligencia, ni la familia, ni algún dios quien escoge, sino que es el esfuerzo personal de adquirir y practicar poco a poco la excelencia, la “areté,” es decir la virtud.
Roberto Blum