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viernes, 4 de diciembre de 2009

Juan Pablo II y la Evolución


En el año 1996 se publicó en L’Osservatore Romano las siguientes palabras de Juan Pablo II: “Los últimos conocimientos científicos han demostrado que la evolución es más que una hipótesis. De hecho es remarcable que esta teoría ha sido aceptada por la mayoría de los científicos, tras obtener toda una serie de datos en varios campos del saber. La convergencia de los resultados obtenidos por vías de trabajo independientes es por sí mismo un argumento de peso a favor de esta teoría”.

Mas sobre "El origen del hombre" en la UFM


Hasta antes de Copérnico y Galileo, se creía que la Tierra era el centro del universo. Los avances de la ciencia cambiaron esta perspectiva. Desde mediados del siglo pasado, la Iglesia Católica aceptó la teoría de la evolución, pero hizo énfasis en que el alma inmortal del hombre es una creación especial de Dios.


Charles Darwin, quizás el más influyente científico de los últimos doscientos años, jamás dijo que proveníamos del mono; tampoco que únicamente sobreviven los más aptos, ni que los genes se refuerzan con el tiempo. Aún hoy, 150 años después de la publicación del Origen de las especies, existen muchas interpretaciones equivocadas del pensamiento evolucionista.


La evolución mediante la selección natural es un proceso que no tiende a la perfección de ninguna especie. Las especies se adaptan lentamente a su medio ambiente, en un proceso que está impulsado por la diversidad genética de los individuos que las componen.


Se mencionó en el almuerzo del Centro de Ética David Hume la controversia con quienes proponen "el creacionismo y el diseño inteligente" como opciones alternativas a la evolución. Si bien estas opciones tienen numerosos seguidores, principalmente en los Estados Unidos, el consenso de los científicos es que la evolución mediante la selección natural es una teoría con tantas evidencias que se puede considerar un "hecho."


Finalmente, se plantearon dudas y cuestiones como las siguientes: ¿Tiene el evolucionismo relación con la cultura, la moral y la fe? ¿Es el ser humano un punto de llegada o sólo un paso, una transición? ¿Hacia dónde vamos? Si bien la evolución es una teoría enormemente robusta, para muchos individuos implica un problema personal. Quizás esta es la razón por la que, a 150 años de publicada, la obra de Darwin sigue siendo discutida con tanto interés y apasionamiento.


Roberto Blum

martes, 1 de diciembre de 2009

Diálogo sobre El origen del hombre

El 19 de noviembre, los integrantes del club de lectura del Centro de Ética David Hume se reunieron para dialogar sobre la obra El origen del hombre, de Charles Darwin. He aquí un resumen de lo que se dijo durante la sesión: Se creía –con autores como Copérnico, Galileo y otros– que éramos el centro del universo. Desde los años veinte, la Iglesia aceptó la teoría de la evolución, pero hizo énfasis en que el alma del hombre es creación de Dios. Se pensaba que tantos los monos como los hombres habían recibido directamente un alma, con la diferencia de que el alma de los segundos es inmortal. Los ortodoxos rusos no aceptan la existencia del alma, sino sólo una especie de “apreciación divina”. Nuestra manera de razonar es algo espiritual, y nuestro método implica el conocimiento y la voluntad. Darwin jamás dijo que proveníamos del mono; tampoco que únicamente sobreviven los más aptos, ni que los genes se refuerzan con el tiempo. Aunque “mutemos”, no podemos convertirnos en otra cosa distinta de nosotros. Un individuo no evoluciona solo, es toda una población la que logra evolucionar. Hay que tener más claro el concepto de evolución. Los evolucionistas dicen que el diálogo no está cerrado, ni el evolucionismo es un tema que ya haya pasado de moda; la prueba es que aún se sigue discutiendo sobre él. El evolucionismo puede ser una teoría simple, pero no debe creerse que tienda al perfeccionismo. El evolucionismo sólo habla de cambio. Puede ser que tenga una mayor relación con el colectivismo. Los seres humanos son diferentes a otras especies: el hombre tiene más capacidad, fortaleza, etc., que un animal. ¿Tiene el evolucionismo relación con la cultura, la moral y con la fe? ¿Es el ser humano un punto de llegada o sólo un paso, una transición? ¿Hacia dónde vamos? –se preguntaron algunos–. Según otros, el creacionismo tampoco nos proporciona evidencias.

Amable Sánchez

viernes, 23 de octubre de 2009

Ética y evolución


El Centro de Ética David Hume realizó el pasado jueves 15 un almuerzo socrático para conversar con Jerry Coyne, autor del libro Why Evolution is True. Entre las muchas ideas y comentarios expresados en esa reunión se cuestionó si la conciencia de los seres humanos es esencialmente diferente a la de los animales o bien si solo existen diferencias de grado. Coyne afirmó que la conciencia humana es resultado de la evolución, por lo que las diferencias que existen sólo son de grado. Esta afirmación resultó altamente provocativa.

Llamó también la atención la llamada selección sexual, por la que las hembras y los machos de una especie, incluidos los humanos, coevolucionan. Generalmente las hembras de casi todas las especies son más cuidadosas al escoger su pareja mientras que los machos son más “promiscuos.” ¿Es este hecho el origen de nuestra doble moral sexual? ¿Se puede cambiar? La respuesta parece ser que si, ya que los humanos contamos con la razón que nos permite escoger entre varias opciones. Sin embargo Coyne también cree que el libre albedrio no existe, sin embargo es una útil ficción. Obviamente esto también da lugar a una posible discusión futura.

Asimismo en la reunión se cuestionó si la homosexualidad era genética o bien una preferencia escogida, a lo que aparentemente no se le puede dar una respuesta definitiva. Coyne aprovechó para enfatizar que la ciencia sólo ofrece respuestas provisionales, pero que la teoría de la evolución mediante la selección natural estaba sustentada en tal cantidad de fósiles, retro predicciones y resultados comprobados que se podía considerar como un hecho científico.

Roberto Blum