El 19 de noviembre, los integrantes del club de lectura del Centro de Ética David Hume se reunieron para dialogar sobre la obra El origen del hombre, de Charles Darwin. He aquí un resumen de lo que se dijo durante la sesión: Se creía –con autores como Copérnico, Galileo y otros– que éramos el centro del universo. Desde los años veinte, la Iglesia aceptó la teoría de la evolución, pero hizo énfasis en que el alma del hombre es creación de Dios. Se pensaba que tantos los monos como los hombres habían recibido directamente un alma, con la diferencia de que el alma de los segundos es inmortal. Los ortodoxos rusos no aceptan la existencia del alma, sino sólo una especie de “apreciación divina”. Nuestra manera de razonar es algo espiritual, y nuestro método implica el conocimiento y la voluntad. Darwin jamás dijo que proveníamos del mono; tampoco que únicamente sobreviven los más aptos, ni que los genes se refuerzan con el tiempo. Aunque “mutemos”, no podemos convertirnos en otra cosa distinta de nosotros. Un individuo no evoluciona solo, es toda una población la que logra evolucionar. Hay que tener más claro el concepto de evolución. Los evolucionistas dicen que el diálogo no está cerrado, ni el evolucionismo es un tema que ya haya pasado de moda; la prueba es que aún se sigue discutiendo sobre él. El evolucionismo puede ser una teoría simple, pero no debe creerse que tienda al perfeccionismo. El evolucionismo sólo habla de cambio. Puede ser que tenga una mayor relación con el colectivismo. Los seres humanos son diferentes a otras especies: el hombre tiene más capacidad, fortaleza, etc., que un animal. ¿Tiene el evolucionismo relación con la cultura, la moral y con la fe? ¿Es el ser humano un punto de llegada o sólo un paso, una transición? ¿Hacia dónde vamos? –se preguntaron algunos–. Según otros, el creacionismo tampoco nos proporciona evidencias.
Amable Sánchez
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martes, 1 de diciembre de 2009
jueves, 12 de noviembre de 2009
Decíamos ayer... (12)
Los padres son los únicos responsables de educar a sus hijos y de escoger la educación que quieren para ellos, incluida la educación sexual. De acuerdo: hasta ahí vamos bien. El Estado no tiene ningún derecho ni autoridad para meterse en este asunto ni en otros. Parece que seguimos bien. Pero la Iglesia tampoco tiene el derecho ni la autoridad que le niega al Estado. Y ahí ya empezamos a estar mal. Se trata de sinceridad, de coherencia y de lógica. De una sinceridad, una coherencia y una lógica que la Iglesia –mejor sus autoridades– parece no tener. La libertad del hombre hay que entenderla de manera tan radical que al que se empeñe en condenarse hay que permitirle que se condene. ¿Qué ley hay, por ejemplo, que condene al suicida? ¿Cómo?
Y, sin embargo, la cosa no es tan simple. Porque ¿cuántos padres están suficientemente educados para educar a sus hijos? ¿Cuántos son capaces de educarlos en la línea del proyecto de cada hijo en concreto, y no del suyo propio?
Acabo de leer una sensata columna de Juan Callejas Vargas, publicada en la Prensa Libre de hoy (12 de noviembre del 2009). Termina así: “Para quienes quieran ver el nivel de contenido que en la Biblia cristiana se concede al sexo, no dejen de acercarse al libro del Cantar de los Cantares, el cual puede leerse en sentido literal; es decir, como una colección de cantos eróticos que celebran el amor humano protagonizado por un hombre y una mujer. ¿Quién ha hecho de lo bello y humano del sexo un tabú?”. Añadiré solo esto: se trata de un libro canónico, porque la Iglesia así lo ha querido. Pero en él no aparecen ni el Estado, ni la Iglesia, ni siquiera la palabra Dios. ¿Qué tal?
Amable Sánchez
Y, sin embargo, la cosa no es tan simple. Porque ¿cuántos padres están suficientemente educados para educar a sus hijos? ¿Cuántos son capaces de educarlos en la línea del proyecto de cada hijo en concreto, y no del suyo propio?
Acabo de leer una sensata columna de Juan Callejas Vargas, publicada en la Prensa Libre de hoy (12 de noviembre del 2009). Termina así: “Para quienes quieran ver el nivel de contenido que en la Biblia cristiana se concede al sexo, no dejen de acercarse al libro del Cantar de los Cantares, el cual puede leerse en sentido literal; es decir, como una colección de cantos eróticos que celebran el amor humano protagonizado por un hombre y una mujer. ¿Quién ha hecho de lo bello y humano del sexo un tabú?”. Añadiré solo esto: se trata de un libro canónico, porque la Iglesia así lo ha querido. Pero en él no aparecen ni el Estado, ni la Iglesia, ni siquiera la palabra Dios. ¿Qué tal?
Amable Sánchez
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lunes, 2 de noviembre de 2009
Papa Benedicto XVI
Parece que la Iglesia Católica le abrió la puerta a los anglicanos conservadores. Según la última Constitución Apostólica del Papa Benedicto XVI, pastores y obispos anglicanos podrán convertirse al catolicismo, conservar algunas particularidades litúrgicas, seguir casados –si lo están–, y atendiendo y educando a sus hijos –si los tienen–. Parece también que, en este caso, los obispos serán reducidos a simples sacerdotes, a no ser que no se hayan casado antes y observen la norma del celibato.
Hace pocos días, los medios divulgadores de noticias nos comunicaban que el Papa estaba en conversaciones con algunos obispos lefevrianos, a quienes no hace tanto tiempo se les había separado del cargo, e incluso de la comunión eclesial, al parecer por demasiado conservadores. También se separó, hace algún tiempo más, a ciertos difusores y propiciadores de la teología de la liberación.
¿Se volverá a admitir a estos últimos en las filas eclesiales y eclesiásticas? ¿Son todavía éstos ecos del aggiornamento que se izó como bandera por los años sesenta? ¿Cuáles son, y cómo se disciernen y valoran, los signos de los tiempos? ¿Cuál es el mar de fondo de todo: el celo salvador o el miedo a quedarse sin gente? ¿Con qué grado de sinceridad se trabaja y se planifica? ¿Tiene esto algo que ver con la ética?
Amable Sánchez
Hace pocos días, los medios divulgadores de noticias nos comunicaban que el Papa estaba en conversaciones con algunos obispos lefevrianos, a quienes no hace tanto tiempo se les había separado del cargo, e incluso de la comunión eclesial, al parecer por demasiado conservadores. También se separó, hace algún tiempo más, a ciertos difusores y propiciadores de la teología de la liberación.
¿Se volverá a admitir a estos últimos en las filas eclesiales y eclesiásticas? ¿Son todavía éstos ecos del aggiornamento que se izó como bandera por los años sesenta? ¿Cuáles son, y cómo se disciernen y valoran, los signos de los tiempos? ¿Cuál es el mar de fondo de todo: el celo salvador o el miedo a quedarse sin gente? ¿Con qué grado de sinceridad se trabaja y se planifica? ¿Tiene esto algo que ver con la ética?
Amable Sánchez
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martes, 18 de agosto de 2009
Diálogo sobre la encíclica Cáritas in veritate
El día 13 pasado se celebró en el Centro de Ética David Hume la reunión en torno a cuestiones o dilemas éticos. El objeto de discusión y diálogo fue la encíclica del Papa Benedicto XVI Cáritas in veritate, presentada por el Dr. Joseph Keckeissen. No se trata de una típica encíclica dogmática, sino, en todo caso, de una “típica” encíclica social. Todos estuvieron de acuerdo en que el Papa está preocupado por la situación actual del mundo, como lo estamos nosotros también, llama la atención al respecto, en algún sentido alza su voz de alarma y exhorta a que cuanto antes se les dé una respuesta a los problemas que acosan al hombre. Sin embargo, aunque se comprobó que en el documento se utiliza un lenguaje menos confrontativo que otras veces, no todos estuvieron de acuerdo en que la encíclica aporte alguna solución clara. Algunos la tildaron de ambigua e incluso de contradictoria. Términos o expresiones como “gratuidad”, “economía de la gratuidad”, “mercado de la gratuidad”, “experiencia del don”, “espíritu del don”, “formas de redistribución” no dejaron de inquietar a todos. Aunque en la encíclica el Papa no habla abiertamente de limosna, pareciera que, entre líneas, se estuviera refiriendo a ella. Suena muy bonito el título Cáritas in veritate. Pero ante él surgen inmediatamente, como una bandera, las eternas preguntas: ¿Y qué es la verdad? ¿Cuál verdad? Otras preguntas que no se hicieron en la reunión, pero que quizás a alguno podrían ocurrírseles, son estas: Cuando el Papa habla de la doctrina social de la Iglesia, ¿no estará hablando, sotto voce y en parte al menos, de doctrina socialista de la Iglesia? ¿No hay ninguna diferencia entre una y otra?
Amable Sánchez
Amable Sánchez
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