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lunes, 17 de mayo de 2010

Una vida feliz


Nunca podremos saber si hemos sido felices sino hasta llegado el último momento de nuestra existencia. En ese preciso instante entramos a la eternidad, es decir, dejamos atrás el tiempo para siempre y sólo entonces se podrá juzgar nuestra vida.

¿Una vida buena y en consecuencia una vida feliz? Si sólo pensamos en nosotros, ¿cómo será nuestro juicio? En realidad, nuestra vida la juzgan los demás, nuestros contemporáneos y nuestros descendientes. Nuestra verdadera inmortalidad esta en seguir viviendo bien en la mente de los demás. Su juicio es nuestra gloria o nuestra condena.

Sócrates decía que al morir podíamos entrar a un sueño sin fin o bien llegar al hades y allí encontrarnos con Homero, Aquiles y los héroes de la antigüedad. Solo los dioses lo sabían. Desde este lado nunca lo sabremos.

Roberto Blum

domingo, 28 de febrero de 2010

Ansia de eternidad


Nuestro cerebro, un órgano de apenas kilo y medio contiene cien billones de neuronas, cada una conectada de mil maneras diferentes con sus vecinas. Cada instante de nuestra vida consciente, hay cien trillones de rutas por las que pueden circular nuestros pensamientos y emociones. Podríamos estimar, dado el enorme número de nuestros estados mentales posibles, que nunca seremos capaces de pensar todos los pensamientos ni sentir todas las emociones que la complejidad de nuestro cerebro permite.

Así podríamos hacer nuestra una pregunta paralela a la que hace Jody Foster al final de la película “Contact,” ¿Acaso tal capacidad y complejidad de nuestro cerebro no será un absoluto desperdicio dada nuestra limitación temporal? Quizás por ello es que tenemos el ansia de eternidad.

Roberto Blum