Escribió José Ingenieros, en su libro El hombre mediocre:”Las leyes no crean un clima. El derecho efectivo es una resultante concreta de la moral”. Quiere decir que, según él, el derecho efectivo se deriva más de la moral que de la ley. ¿Por qué? Pienso que porque la moral nace de dentro y la ley viene de fuera: el derecho que nace de la moral tiene que ver con el convencimiento y por eso no es estridente; el que nace de la ley tiene que ver con la coacción, y por eso no es fácil vivirlo y expresarlo sin tirantez ni rechinamiento. Una paz fundada en la vivencia moral se muestra más auténtica y estable; una paz derivada simplemente del cumplimiento –más o menos forzoso o voluntario de la ley– es una paz más artificial, acaso artificiosa, incluso hasta ficticia. Por eso el concepto de clima, utilizado aquí metafóricamente, es acertado: cuando hablamos de un clima de paz, todos sabemos a qué nos referimos.Más adelante añade Ingenieros: “Toda excelencia encuentra su juez en sí misma”. Es decir: a la excelencia solo la excelencia puede juzgarla. Lo contrario sería contradictorio. Esto me hace pensar en la excelencia de los integrantes de las comisiones de postulación, en la excelencia de los diputados –que están utilizando ahora su turno–, en la excelencia de los magistrados para la Corte Suprema y las Salas de Apelaciones. No nos engañemos: se trata de una excelencia legal y jurídica, pero se trata, sobre todo, de una excelencia moral. La única que puede juzgar y exigir la excelencia del pueblo, al ponderar el comportamiento de los ciudadanos. ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar los diputados, en aras de la excelencia?
Amable Sánchez
Mostrando entradas con la etiqueta paz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta paz. Mostrar todas las entradas
jueves, 1 de octubre de 2009
lunes, 25 de mayo de 2009
¿Es legítimo pedir justicia?
El domingo pasado por la noche, el Dr. José Miguel Insulza, Secretario General de la Organización de los Estados Americanos, dijo saliendo del aeropuerto: “Es legítimo pedir justicia”. (Prensa Libre, Guatemala, Lunes 25 de mayo de 2009). Si con esto se refirió a un derecho innato a la persona, estamos de acuerdo; si a un derecho sólo concedido por el Estado, casi como si fuera una limosna, no podemos estarlo.
No se trata, pues, de conceder o regatear un derecho que la sociedad civilizada ha adquirido durante siglos de evolución social y cultural, para lograr vivir en común, de una manera libre y responsable.
Sería incluso inmoral no “pedir justicia”, cuando se percibe que no se respetan y respaldan con transparencia y honestidad los derechos de todos los ciudadanos.
Las diferencias de raza, sexo, generaciones, credos religiosos y otras hacen de la sociedad una mezcla cultural que torna la vida más interesante y estimulante. No necesito un Gobierno que me enseñe cómo tengo que relacionarme con mis vecinos, sino, todo lo más, que me sancione cuando piden justicia porque no los respeto.
Toda la tarea del Gobierno se reduce, prácticamente, a velar por la seguridad, para que los ciudadanos puedan convivir en libertad y pacíficamente.
Erika Bornholt
No se trata, pues, de conceder o regatear un derecho que la sociedad civilizada ha adquirido durante siglos de evolución social y cultural, para lograr vivir en común, de una manera libre y responsable.
Sería incluso inmoral no “pedir justicia”, cuando se percibe que no se respetan y respaldan con transparencia y honestidad los derechos de todos los ciudadanos.
Las diferencias de raza, sexo, generaciones, credos religiosos y otras hacen de la sociedad una mezcla cultural que torna la vida más interesante y estimulante. No necesito un Gobierno que me enseñe cómo tengo que relacionarme con mis vecinos, sino, todo lo más, que me sancione cuando piden justicia porque no los respeto.
Toda la tarea del Gobierno se reduce, prácticamente, a velar por la seguridad, para que los ciudadanos puedan convivir en libertad y pacíficamente.
Erika Bornholt
Suscribirse a:
Entradas (Atom)